Blog

Castaño de Ramil, el árbol del Camino de Santiago

Camino Sostenible

Castaño de Ramil, el árbol del Camino de Santiago

Comparte

  • Facebook
  • Twitter
03-12-2020

Lleva más de 800 años en el Camino de Santiago. Su impresionante estructura semeja un mapa del tiempo. Y ningún peregrino vuelve a casa sin una foto con él.

¿Habéis adivinado ya qué es? Hablamos de las joyas naturales del Camino Francés: el castaño centenario de Ramil. Un impresionante árbol que recibe al peregrino a su llegada a Triacastela y que nos invita a reflexionar sobre el rico patrimonio de las Rutas Jacobeas.

¿Conocéis su historia? Os invitamos a descubrirla con una de las personas que mejor la conoce: Santiago Soria, vecino de la aldea de Ramil y un auténtico enamorado del patrimonio humano, artístico y natural del Camino de Santiago.

Ocho siglos en el Camino Francés

Cuando Aymeric Picaud, autor del célebre Códice Calixtino, realizó el Camino de Santiago, el castaño de Ramil ya estaba ahí. Probablemente en aquel entonces, el joven árbol no llamaría la atención del monje. Pero más de ocho siglos después nadie puede quedar indiferente ante la grandiosidad y la belleza de este castaño.

Hablamos de un árbol con cerca de 850 años de vida, según la datación hecha por la Escuela de Ingenieros de Montes de Madrid. Más de ocho siglos que se ven reflejados en sus casi 9 metros de perímetro, sus huecos imposibles y sus gruesas ramas.

Su situación es perfecta. A apenas 1km de entrar en Triacastela, esta joya natural da la bienvenida al peregrino, que se olvida de la dura subida a O Cebreiro y los más de 100Km que aún le quedan por delante para llegar a Santiago.

Tan fotografiado como la Torre Eiffel

El castaño de Ramil enamora. Y si no, que se lo digan a Santiago Soria, vecino desde hace unos años de la pequeña y acogedora aldea de Ramil. Lo suyo fue un flechazo con el árbol y con el sitio. Y lo que el Camino de Santiago ha unido, que nadie lo separe.

“Veníamos haciendo el Camino de Santiago y antes de llegar a Triacastela nos encontramos con este árbol maravilloso. Llovía y la etapa hasta O Cebreiro había sido dura. Pero nada más ver el castaño, hice quitar la mochila a los niños e hicimos un book de fotos completo”, rememora Santiago.

“Y me enamoré”, confiesa. “Me enamoré del castaño y del sitio. Justo detrás había un pequeño pajar con un cartel de ‘Se Vende’ y no me lo pensé. Lo compramos y lo hemos ido arreglando poco a poco. Ahora es una casita muy acogedora en la que cualquier peregrino puede entrar y sentarse a tomar una cerveza”, explica.

La misma escena que relata Santiago se sucede cada día. Ningún peregrino puede resistirse a la tentación de pararse y sacar una foto con el árbol. Tanto los que van andando, como los que hacen el Camino de Santiago en bicicleta o incluso a caballo.

Peregrinos abrazando el castaño de Ramil, a la entrada de Triacastela

Santiago, que los ve pasar cada día por delante de su puerta, confirma el poder hipnótico del castaño centenario. “Es tan maravilloso que es raro el peregrino que no se haga una foto. O nos pide a los vecinos que se la hagamos”.

Tanta es la afluencia que Santiago sostiene que, quitando la Torre Eiffel de París, pocas cosas hay tan fotografiadas como este castaño. Por eso se ha ganado a pulso el título de árbol del Camino de Santiago.

Triacastela, lugar de acogida

Este árbol centenario es, sin duda, uno de los mayores atractivos de Triacastela. Pero no el único. Este pequeño pueblo de la provincia de Lugo es un lugar jacobeo histórico, recogido ya en el Códex Calixtinus.

En él, Aymeric Picaud hace referencia al origen de su nombre: tres castillos, probablemente castros celtas que rodeaban la ciudad y de los que se conservan algunos restos. Además de en su escudo, esta referencia histórica puede verse en su iglesia románica, dedicada como no podía ser de otra manera a Santiago Apóstol.

Además, buena parte del material utilizado para construir la Catedral de Santiago salió de Triacastela. O eso asegura la tradición, según la cual, los peregrinos cogían en estas tierras un trozo de cal y la llevaban hasta Castañeda y Arzúa, donde se fundía para transportarla hasta Compostela y usarla en la construcción del templo.

Escudo de Triacastela, pueblo jacobeo del Camino Francés

Pero si hay algo que distingue a Triacastela es el carácter acogedor de sus vecinos. “Triacastela es un pueblo maravilloso, con un vecindario encantador, acostumbrado a convivir y ayudar al peregrino”, corrobora Santiago Soria.

Él lo vivió en sus propias carnes, cuando un flechazo lo convirtió en uno más del pueblo, que lo acogió con los brazos abiertos. “Triacastela tiene el alma peregrina y una belleza desbordante, al igual que este castaño”, concluye.

Seguro que muchos de vosotros habéis disfrutado de Triacastela y os habréis parado ante el castaño de Ramil. Por eso, os animamos a participar en la campaña Camino Sostenible, que busca poner en valor el patrimonio humano, artístico y natural de las Rutas Jacobeas, contándonos cómo fue vuestra experiencia en Triacastela.

Y si tenéis fotos delante del castaño centenario de Ramil no dudéis en compartirlas con nosotros en nuestro Facebook, Instagram o Twitter o con el hashtag #CaminoSostenible. ¡Buen Camino!


Tu dirección de correo electrónico no será publicada.
Los campos obligatorios están marcados con *